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Super Size Me (Un mes en el McDonalds)

“Eres lo que comes” dice un conocido refrán. Desconozco cuan lejos pueda llevarse dicha aseveración, pero luego de ver “Super Size Me” de algo estoy absolutamente seguro: la comida de McDonalds es mucho más dañina para la salud de lo que la mayoría piensa.

Morgan Spurlock decide, al más puro estilo sensacionalista de Michael Moore (“Bowling for Columbine”), filmar un documental sobre los efectos negativos de la comida rápida (particularmente McDonalds) utilizándose a sí mismo como conejillo de indias. Spurlock come en McDonalds durante un mes. Únicamente en McDonalds. Desayuno, almuerzo y cena. Las reglas son además que tiene que pedir al menos una vez todas las alternativas del menú y si quien lo atiende la pregunta si quiere tamaño “súper grande” (“super size”) debe contestar con un entusiasta “si”.

Al inicio de este experimento, Spurlock se realiza un completo examen médico. Los resultados son positivos: se encuentra en excelente estado de salud. Los médicos lo monitorean a lo largo de su “dieta McDonalds” y horrorizados corroboran el continuo deterioro de su salud.

A los 10 días Spurlock había subido 10 libras. Al final del mes, casi 30. Y ni hablar de su colesterol. Uno de los médicos le confiesa a la mitad del camino que “las consecuencias son mucho peores de las que esperaba” y le pide que considere abortar el experimento. Su hígado empieza a mostrar signos de daño, dolores en el pecho lo despiertan a media noche, se siente deprimido y su novia se queja de su rendimiento sexual. Sin embargo, Spurlock continúa estoicamente hasta el final del mes.

Conciente de que no puede llenar un documental con escenas de almuerzos o desayunos en McDonalds, Spurlock incluye entrevistas con fanáticos de la comida rápida, ejecutivos de la industria y una impactante escena donde ni un solo niño entrevistado en una escuela preparatoria puede reconocer la imagen de Jesús (uno pregunta si se trata de George W. Bush) pero todos identifican inmediatamente la de Ronald McDonald. El documental revisa además no sólo los efectos negativos en la salud de los consumidores pero el efecto en las costumbres alimenticias en general de los norteamericanos.

Los Estados Unidos de América tienen el mayor número de obesos por número de habitantes de todo el planeta. La obesidad es un grave problema nacional y sin embargo el éxito y crecimiento de McDonalds parece no tener fin. Les aseguro que aquí en New York, específicamente en Manhattan, deben haber al menos 80 locales de McDonalds. En relación al tamaño de la isla estamos hablando de 1 McDonalds cada cuatro cuadras. De hecho, ahora que lo pienso, no recuerdo la última vez que camine por la ciudad y no pase frente al menos 1 local de McDonalds.

Evidentemente comer 3 veces al día en McDonalds durante un mes es una exageración que ni el presidente de dicha compañía en sus sueños más optimistas espera de sus clientes. Pero Morgan Spurlock logra con este documental graficar un punto que insistimos en olvidar: este tipo de comida procesada es mala para la salud. No sólo mala, pésima. Lo que nos lleva a la inevitable interrogante: ¿es necesario que la comida de McDonalds sea tan dañina? ¿Es mucho pedir que un gigante corporativo haga un mayor esfuerzo por controlar la calidad de sus productos?

Todo en exceso es malo, es cierto, pero esa realidad no afecta el contundente hecho que “Super Size Me” subraya: los efectos del menú de McDonalds en la salud de las personas son especialmente excesivos.
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1 comentario

Mi nombre es Tron ... Melo-Tron -

Big mac ... mmmmm
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